Este café es especial tanto por su perfil en taza como por el proyecto colectivo que hay detrás. Procede de Santa Teresa, en Cajamarca (Perú), una zona con una gran riqueza de microclimas, altitudes cercanas a los 2.000 metros y suelos minerales que favorecen el desarrollo de cafés complejos y expresivos.
El lote está compuesto por cafés de varias familias productoras que trabajan en comunidad bajo un modelo de trato directo, lo que permite cuidar cada etapa del proceso y garantizar una mayor calidad y trazabilidad. Solo se recolectan cerezas en su punto óptimo de maduración, lo que ya marca una base de dulzor y limpieza en taza.
Uno de los puntos clave es su proceso: tras el despulpado, el café pasa por una fermentación anaeróbica de 72 horas, lo que potencia su intensidad aromática y su perfil dulce y goloso. Posteriormente, se lava y se seca lentamente en camas africanas bajo carpa solar durante más de dos semanas, asegurando estabilidad y precisión en el resultado final.
La combinación de variedades Bourbon, Caturra y Typica aporta estructura, dulzor y complejidad. En taza, esto se traduce en un café con cuerpo generoso, textura cremosa y notas que recuerdan a mora madura, brownie y golosina, con un carácter jugoso que lo hace especialmente disfrutable.
Es un espresso que destaca por su intensidad controlada: potente pero equilibrado, dulce pero con profundidad, perfecto tanto para tomar solo como para disfrutar con leche.