Este café es especial por la historia de transformación que hay detrás y por el nivel de precisión con el que se trabaja en una región poco habitual para el café de especialidad. Fazenda Jairo Soares se encuentra en São Sebastião do Anta, en Mata de Minas, un área que durante años no fue considerada apta para producir cafés de alta calidad. Inacio Soares cambió por completo esa percepción.
Tras la enfermedad de su padre, Inacio asumió la gestión de la finca y decidió replantear cada etapa del proceso: desde el manejo del suelo hasta el procesado y el secado. Apostó por la innovación sin perder el control artesanal, algo poco común en Brasil. En una finca de tamaño reducido para los estándares del país, todas las cerezas se recolectan de forma manual, sin maquinaria, garantizando una selección cuidadosa y un control total de la calidad.
El proceso honey anaeróbico aplicado a este lote potencia el dulzor natural del Catuaí rojo y amarillo, aportando una textura cremosa y una complejidad suave. En taza aparecen notas delicadas de flores blancas que aportan elegancia, acompañadas de praliné y chocolate, creando un perfil dulce, redondo y muy equilibrado. Es un café que no busca estridencias, sino refinamiento y consistencia.
El impacto del trabajo de Inacio va más allá de la taza. Gracias a la mejora en calidad, los precios obtenidos han aumentado de forma significativa, beneficiando no solo a la finca, sino a la comunidad que la rodea. Cafés que antes no alcanzaban los 80 puntos hoy superan los 86, demostrando cómo la dedicación y la inversión bien dirigida pueden transformar un proyecto entero.