Este café es especial por su origen, su proceso y por el equilibrio tan logrado entre dulzor y frescura. Procede de Yirgacheffe, una de las regiones más emblemáticas de Etiopía y cuna del café, donde pequeños productores cultivan variedades Heirloom a gran altitud, entre los 1.900 y 2.100 metros. Estas condiciones permiten una maduración lenta del grano, concentrando aromas y desarrollando perfiles complejos pero elegantes.
El productor, Nibret Alamu, trabaja con una recolección manual cuidadosa, seleccionando únicamente cerezas maduras. Tras la cosecha, el café fermenta durante 36 horas, un paso clave para potenciar la claridad aromática y preservar las cualidades organolépticas de la variedad. Posteriormente, se seca en camas elevadas durante más de diez días, asegurando un secado homogéneo y limpio.
En taza, Baltasar ofrece una combinación muy característica de Etiopía: acidez cítrica brillante, dulzor natural que recuerda a miel y caramelo, y una base de chocolate con leche que aporta redondez. Es un café expresivo pero accesible, con una estructura que se adapta sorprendentemente bien a distintos métodos de preparación, desde espresso y moka italiana hasta filtro y bebidas con leche.
Más allá del perfil sensorial, destaca también por su relación calidad-precio. Cada taza tiene un coste muy contenido para un café de este nivel, muy por debajo de alternativas industriales, ofreciendo una experiencia claramente superior sin artificios.